¡TIENE POCO VOLUMEN! - Criterios para escuchar la mezcla


Uno de los momentos más críticos (y hasta a veces más tensos) de una producción musical, se da cuando llega la hora de ponerse de acuerdo con los conceptos, ilusiones y gustos entre el técnico de mezcla y la banda. Esto sucede principalmente por el desconocimiento sobre cuestiones técnicas por parte de la banda, o por la falta de diálogo y acuerdo entre ambas partes. En este artículo te damos algunos consejos que podés seguir ante ciertos problemas comunes, con el fin de que puedas predecir con qué te vas a encontrar cuando escuches la pre-mezcla por primera vez, y así evitar estos malos ratos.

1. Está bueno, pero ¡tiene poco volumen! Esta es una clásica primera impresión, sobre todo en géneros de música más ‘pesada’, donde el volumen y la compresión parecieran serlo todo. La mezcla es la etapa de la producción en la que se trabaja con los canales de audio individuales de cada canción: se emparejan volúmenes, se contienen picos "fuera de plano", se ecualizan las señales con el fin de que cada una consiga ‘su lugar’, se añaden efectos y paneos, entre muchas otras cosas; pero no es el momento donde se le da volumen general a la producción. De eso se encargará, más adelante, el ingeniero de Mastering. Es por esto que no debemos fijarnos si la mezcla que hizo nuestro técnico suena igual de fuerte que el último disco de Metallica (por ejemplo), sino que debemos escuchar si los planos, sonido y presencia en cada parte de la canción están bien, y si es lo que esperábamos o suena como el estilo lo requiere.

2. ¡No escucho el bajo! (Dijo el músico, escuchándolo en los auriculares del celular). - No lo escuchas, es verdad. Y es muy probable que nunca lo vayas a escuchar, ya que ¡esos auriculares no están preparados para reproducir frecuencias bajas! - Pero, no tengo otro medio de escucha, ¿qué hago? Si ese es el caso, lo que debemos hacer es escuchar música activamente. ¿Cómo se hace eso? Solemos escuchar música como algo de fondo, mientras ponemos nuestra verdadera atención en otra cosa que nos la demanda: escuchamos música mientras caminamos por la calle, mientras trabajamos, cocinamos o estudiamos; pero rara vez nos detenemos a hacer una escucha detallada, a escuchar apreciando cada sonido (a no ser que estemos sacando los acordes de una canción). Deberíamos usar cualquier medio de reproducción que usemos habitualmente (auriculares, sistema 2.1 para pc, etc.) para escuchar nuestros discos favoritos y así tener un punto de referencia sobre cómo y en qué plano suena el instrumento en cuestión (en nuestro ejemplo, el bajo). Claro que no vamos a darnos cuenta de todo en la primera escucha, ya que este es un trabajo que deberíamos hacer a diario y que lleva su tiempo; pero es esto lo que, más temprano que tarde, nos va a dar una pauta real al momento de escuchar la mezcla que nos han dado.

3. Primero la pre-mezcla. Si bien los técnicos están (o deberían estar) bien informados sobre qué es lo que estamos buscando en cuanto a sonido, (ya sea porque les hemos dicho "queremos sonar como este disco" o "somos una clásica banda de este estilo"), nunca van a poder saber qué es lo que esperamos escuchar con más o menos presencia en cada parte de la canción. ¡No pueden leernos la mente! Por otro lado, el material grabado puede diferir del que estamos acostumbrados a escuchar en los ensayos o en los shows en vivo, ya que en el estudio tenemos la posibilidad de ‘agregar’ cosas que usualmente no escuchamos. Por ejemplo, podríamos tener segundas y hasta terceras guitarras, cuando en realidad hay un solo guitarrista. Esos cambios o arreglos surgen para el disco, pero no están presentes en los ensayos por razones obvias. Entonces, al momento de escuchar la pre-mezcla, pueden surgir observaciones como "está muy alta esa guitarra" o "el sólo quedo muy atrás", lo cual es lógico ya que, a no ser que hayamos realizado una pre-producción, ni nosotros mismos hemos escuchado antes la banda de la manera en que ahora está sonando. Tiene que quedarnos claro que lo que primeramente se realiza es una pre-mezcla, en la cual los técnicos se concentran en trabajar el sonido y ‘lugar’ que va a tener cada instrumento. Las cuestiones relativas a los paneos, planos finales, efectos y demás aspectos estéticos, se charlan luego de estar de acuerdo con el sonido de base. Entonces, no nos desesperemos con querer escuchar el tema tal cual lo imaginamos desde la primera escucha. Éste es un trabajo progresivo que incluye idas y vueltas, pruebas y errores, hasta que en un punto se alcanza la meta.

4. Subime más esto. Hay veces en las que este pedido es perfectamente válido y al técnico se le puede ‘escapar’ algún detalle (nadie es perfecto). Pero otras tantas veces, esa frase está motivada por una idea individualista, o simplemente por la costumbre a un determinado sonido o volumen de ensayo. Hay que tener en cuenta que durante una canción, casi en todo momento hay un ‘instrumento solista’ (en canciones cantadas, suele ser la voz); y hay pasajes donde el instrumento solista puede ser la guitarra, el bajo, el teclado o la batería. En estos pasajes, el resto de la banda debería de acompañar a ese ‘solista’ (tanto en ejecución como en volumen, presencia, timbre y paneo), y darle un buen piso donde afirmarse. Por eso es que, si en el momento en que el cantante está en su máximo esplendor hay un solo de bajo escondido, no esperemos que el técnico le otorgue una presencia fundamental. En todo caso, lo hará sabiendo que aporta alguna riqueza armónica al pasaje de la canción, pero teniendo claro que el papel principal es el del cantante.

5. ‘Quiero estar en la pre-mezcla’. Éste suele ser un pedido común de los músicos, que quizás nace de la curiosidad o de las ganas de aprender un poco más; pero créanme: ¡el momento de la mezcla puede ser CATASTRÓFICO, TERRORÍFICO! Bueno, quizás exagero un poco. La realidad es que la pre-mezcla es una etapa de laboratorio. Durante la misma, podríamos experimentar y escuchar cosas muy raras, como por ejemplo, pruebas de delays enormes, o reverberancias totalmente desubicadas, ecualizaciones agresivas o incluso ridículas; podríamos escuchar el loop de un redoblante durante 20 minutos o el solo de guitarra durante media hora seguida, etc. Esto podría volverse una tortura para cualquier persona racional, pero no para quien trabaje en un estudio. Por otro lado, el técnico necesitará un nivel de silencio y concentración que solo podrá alcanzar si se encuentra solo, o a lo sumo con un colega que entiende cada cosa que hace. Si los músicos estamos presentes, la necesidad de comentar o acotar cosas respecto a la grabación suele nacer casi espontáneamente. Eso es extremadamente molesto para quien está tratando de concentrarse en el audio, y ni hablar del "cuchicheo". Muchachos: ¡es un control de grabación! ¡Se escucha hasta cuando vuela una mosca! Por todo esto, resulta más que recomendable que los músicos no estemos presentes en la pre-mezcla. Distinto es lo que sucede en la etapa de mezcla, donde se vuelve necesaria la presencia de alguno/s de los músicos con el fin de consensuar las cuestiones relativas a la estética final que ya mencionamos en el punto 3 de este artículo. A modo de ‘bonus track’ (esta vez para los técnicos, sobre todo principiantes), les dejo un consejo basado en una penosa experiencia propia como técnico de grabación que no me molesta compartir, ya que a los errores no hay que temerles, porque de ellos se aprende.

6. Che, ¿lo sampleaste no? (Momento tenso). Estaba haciéndole escuchar las pre-mezclas a una banda de heavy metal que había grabado hacía poco, y en plena escucha, el batero me pregunta: ‘Che, ¿lo sampleaste no?’ Teníamos una muy buena batería, parches nuevos, afinación adecuada para la grabación, muy buena ejecución, buenos micrófonos, etc. Solamente el lugar me había dejado con algunas dudas, pero la verdad es que podía haber usado tranquilamente el audio real de la batería. ¿Qué pasó? Bueno, el drumagog suele ser tan adictivo como los OneKnob de Waves: ¡uno se pone a "jugar" con esas cosas! Pero lo que en realidad pasó fue que hubo falta de comunicación. Los bateristas suelen ser celosos de su audio, y si además tienen justificada razón, estamos en problemas. Por otro lado, yo solía usar indiscriminadamente el reemplazo de sonido para la batería, técnica que en este estilo se usa, y bastante. Pero más allá de eso, mi error fue no haber planteado la cuestión desde un principio. Si yo hubiera hecho la sugerencia, el baterista quizás la hubiera aceptado. Conclusión: SIEMPRE mantengamos una buena comunicación técnico-músico. Parece que no, pero hablamos el mismo idioma, y en definitiva, todos queremos el bien del audio que estamos trabajando. Es sólo cuestión de comprendernos.

Dino Cacciola Anic es músico (guitarrista), técnico en electrónica y técnico de grabación y mezcla.

Además, es el docente a cargo del Curso de Diseño y Armado de Pedales de Efecto

y director de CA AUDIO

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